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Historia

Historia

Los orígenes del nombre de la Pobla de Vallbona se han presentado un tanto inciertos. Es evidente que Pobla deriva de poblar y equivale a asentamiento de personas o población. En cuanto a Vallbona, es una palabra compuesta de dos dicciones: vall y bona, con significado de “valle fructífero”, lo cual tiene relación con la frondosidad del paraje. Por otra parte, existe una tradición o leyenda entre los habitantes del municipio —pero sin fundamento histórico— que asegura que cuando el Rey Jaume I pasó por estos entornos, exclamó: Vall bona per a un poblament, o Quina vall més bona!

La fertilidad agrícola de este valle ha posibilitado una continuidad de población desde la época ibérica, donde las tierras de la Vallbona formaban parte del subsistema de cultivos descentralizados de la ciudad íbera de Edeta. Igualmente, con la conquista romana se mantiene un sistema de explotación de la tierra que, a partir de villas, explota sistemáticamente el espacio agrícola en beneficio de las élites de una ciudad próxima.

La dominación musulmana —primero el califato y después desde la taifa de Valencia— propició el desarrollo de la alquería de Benaguasil como una unidad de poblamiento importante. De la época taifa son los trazados de las acequias del Agutzil, el Campés, de Dalt y de Baix, ligadas a la introducción de nuevos modos de producción agrícola con la introducción de cultivos como el arroz en las tierras inundables, o la caña de azúcar y los frutales de irrigación. A partir de la conquista cristiana, la documentación escrita es más abundante. Tras la conquista de Jaume I, la comarca se repuebla con cristianos para contrarrestar la mayoría morisca de su entorno que estaba fuertemente arraigada y cohesionada (en Riba-roja de Túria, Vilamarxant o Benaguasil) y que ocasionaba frecuentes conflictos por los usos del agua para la explotación de la tierra. Éstos respondían a diferentes patrones culturales: los islámicos con huertas de arroz y hortalizas y los cristianos con trigos y viñas.

De esta conflictividad, nos queda un primer registro de un pleito dirimido por Jordi Joan, procurador del Infante Martí en 1380, entre el alcaide de Benaguasil y los vecinos de la Pobla, por los derechos de riego que se derivan de la acequia compartida del Agutzil. En este mismo documento se le otorga a la Pobla la capacidad de regular el riego en su término y establecer síndicos y alguaciles que se cuiden del
sistema de riegos.

La primera noticia documental que tenemos de la puebla de Benaguasil como entidad jurídica propia es La Carta Puebla del año 1382, otorgada a Fuero de Aragón por el Duque de Segorbe a una pequeña comunidad de cristianos que se había establecido de forma ya definitiva separada del viejo núcleo de Benaguasil.

En el año 1401, el Papa Benito XIII cede las rentas de la parroquia de la Pobla a la cartuja de Porta Coeli y, en el año 1403, un decreto episcopal del obispo de Valencia fija la residencia del rector parroquial en la Pobla.

La Pobla de Vallbona contaba con 150 familias a finales del siglo XVI, pero la expulsión de los moriscos de los pueblos vecinos, en 1609, provocó traslados a las casas y tierras abandonadas, supuso una pérdida de unos 300 vecinos —el 48% de su población, según las series fiscales de 1606 y 1647. El propio término quedó reducido a 70 familias en 1646 y a 60 en 1713. La recuperación se retrasó hasta la segunda mitad del siglo XVIII, y en 1787 la población llegó a tener 1.324 habitantes.

Se dio durante aquella centuria una recuperación económica, gracias a las transformaciones agrícolas y a la construcción de las masías —si bien es cierto que algunas de ellas ya existían.  Éstas estaban ligadas al capital rentista procedente de la ciudad y tenían buenas expectativas comerciales con el vino y otros productos agrícolas aptos para la exportación.

Esta expansión agrícola, que se prolongará hasta el siglo XIX, produce un aumento de la superficie cultivada que dobla la cantidad de las tierras explotadas de secano y de huertas irrigadas. Tal aumento en muchos casos necesita de fuertes inversiones en maquinaria para elevar las aguas del Turia. Así, vemos como en 1845 la fundición de Bofill y Compañía de Valencia produce un ingenio de elevación con motor y noria para la Pobla de Vallbona.

A lo largo del siglo XIX, con el proceso de desamortización, se inicia el proceso de transferencia de la propiedad de la tierra hacia los explotadores más o menos directos, en un proceso largo y que no estará exento de dificultades jurídicas.

El desarrollo de los medios de comunicación y transporte durante el siglo XX producirá un importante desarrollo agrícola y comercial en la Pobla de Vallbona. El hecho de tener mejor comunicación con Valencia favorecerá la implantación de fábricas y la expansión de su economía hacia otros sectores.